sábado, 2 de diciembre de 2006

AIMEE SEMPLE MCPHERSON


Otra muy influyente evangelista y sanadora de fe Pentecostal fue AIMEE SEMPLE MCPHERSON (1890-1944), fundadora de la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular. El Diccionario de los Movimientos Carismático y Pentecostal la llama “la más prominente mujer líder que el Pentecostalismo ha producido hasta la fecha”.
Ella se casó tres veces y se divorció dos. Su primer marido, Robert Semple, murió en China en 1910, donde la joven pareja había ido como misioneros. En 1911 ella se casó con Harold Stewart McPherson. Él se quejó sobre el histérico comportamiento de ella y su negligencia hacia él, y en 1921 el matrimonio finalizó en el divorcio (Eve Simson, The Faith Healer, p. 36). Aimee había dejado a Harold para concurrir a predicar. Es interesante que la pastora asociada de Aimee, Rheba Crawford, también dejó su marido para predicar, y el marido de Rheba también se divorció de ella.En Mayo de 1926, McPherson desapareció y se pensó que se había ahogado mientras nadaba lejos de la costa de California. Un mes más tarde ella apareció en México, pretendiendo haber sido raptada, pero la evidencia hizo creer a la mayoría de las personas que ella tuvo un romance con un antiguo empleado, Kenneth Ormiston, quien entonces estaba casado: Los dos habían sido vistos juntos al principio del año durante el viaje a Europa de Aimee McPherson. Al mismo tiempo que Aimee salió para Europa, Ormiston desapareció de su trabajo, y su esposa, Ruth, registró una denuncia de persona perdida en los cuarteles de policía. Ella dijo a la policía que cierta mujer prominente fue la responsable de la desaparición de su marido (Lately Thomas, La Evangelista Desaparecida, p. 29). Ellos fueron vistos juntos también deteniéndose en los mismos hoteles varias veces en California, luego de su retorno de Europa, antes de su pretendido rapto. Aunque McPherson pretendió haber deambulado 14 horas a través de aproximadamente 20 millas de cruel desierto cubierto de mesquites, cactus, y espinos para escapar de sus captores, cuando ella fue encontrada no mostraba signos de haber andado a través de tan dura experiencia. Sus zapatos no estaban rasponeados o gastados; había manchas de césped en los empeines (no había césped en el desierto por el que ella pretendía haber deambulado); no estaba deshidratada o quemada por el sol; sus labios no estaban resecos, resquebrajados, o hinchados; su lengua no estaba hinchada; su color era normal; sus vestidos no estaban rotos ni llevaban manchas de barro o transpiración. El cuello y los puños de su vestido, aunque de color blanco, estaban apenas sucios. Por ultimo, ella llevaba puesto un reloj que su madre le había dado: ¡un reloj que no habría llevado con ella a la playa! (Epstein, La Hermana Aimee, p. 299; Thomas, La Evangelista Desaparecida, p. 59, 66, 78). Aimee dijo a los reporteros que sus tobillos fueron lesionados y desgarrados por cuerdas en su cautividad, pero no había signos de tales lesiones cuando ella fue examinada. Fue hecha una búsqueda exhaustiva para encontrar la choza de adobe con un piso de madera donde ella pretendió que había sido mantenida cautiva y que ella describió en detalle a las autoridades, pero no fue encontrada tal choza en un área de 46 millas cuadradas. Experimentados hombres del desierto y rastreadores (uno había cabalgado por esa tierra como cowboy por 37 años, otro por 20), que intentaron encontrar a sus atacantes, trazaron sus pasos, y encontraron que ella aparentemente descendió de un automóvil en una carretera no lejos de donde fue encontrada. El rastreador principal testificó que examinó cada huella del terreno donde ella había pretendido haber caminado y que sus rastros no habían sido encontrados en ninguna parte. Sobre la choza él dijo: “No conozco de ninguna casa de adobe tal como la descripta por Mis McPherson dentro de unas ciento cincuenta millas de Agua Prieta, y yo conozco cada casa en esta vasta área” (Lately, La Evangelista Desaparecida, p. 84). Un recibo de una tienda de comestibles firmado por McPherson fue encontrado en una casa de campo de Carmel, California, donde surgió que Aimee se había encontrado con Ormiston durante el tiempo que ella pretendió haber estado raptada. Varios testigos visuales declararon que ellos vieron a los dos juntos en ese período.El año siguiente luego del episodio, McPherson rechazó los tabúes sociales contra los cuales predicaban las iglesias creyentes de la Biblia de aquel día. Ella cortó sus cabellos y comenzó a beber, danzar, y a llevar faldas cortas. En sus primeros años ella había predicado contra tales cosas. Su director de coro, Gladwyn Nichols, y la totalidad de los 300 miembros del coro renunciaron a causa de su estilo de vida. Él dijo a la prensa que ellos se retiraban a causa de “la rendición de Aimee a la mundanalidad: su vestuario de trajes de fantasía y faldas cortas, joyería, pieles, su nuevo apasionamiento con los cosméticos y cabellos cortos, todo ello específicamente condenado por las Escrituras” (Robert Bahr, Menos que Todos los Santos, p. 259).En 1931 la divorciada McPherson se casó con el divorciado David Hutton. Él se divorció de Aimee en 1934.El ministerio de McPherson estuvo caracterizado por el inescritural fenómeno del matar del espíritu. Una de sus biografías, Menos que Todos los Santos, por Robert Bahr, contiene una foto de seguidores de McPherson yaciendo sobre el piso luego de que ella hubo impuesto sus manos sobre ellos y de que supuestamente fueron “bautizados por el Espíritu Santo”. Hubieron también casos de “embriaguez espiritual” en sus primeras reuniones (Epstein, La Hermana Aimee, p. 162), aunque su ministerio posterior no estuvo caracterizado por tales demostraciones.McPherson enseñaba que la sanidad está garantizada en la expiación. Ella falsamente prometió a la ansiosa multitud: “Sus cadenas serán destrozadas, sus grilletes aplastados, sus aflicciones sanadas, si ustedes solamente creen que donde está el espíritu del Señor allí hay libertad” (Epstein, La Hermana Aimee, p. 221). Es benditamente cierto, desde luego, que el Señor es una ayuda verdaderamente presente en el tiempo de aflicción y que Él camina con Sus hijos a través de todas sus pruebas, pero prometer que en esta vida presente todos los problemas serán removidos y que todas las enfermedades sanadas si uno sólo tiene la fe suficiente es un engaño. McPherson advirtió que la actitud: “si es su voluntad sanarme, yo también lo querré” no trae resultados (Epstein, p. 224). En los hechos, McPherson reclamó que la sanidad física es parte del evangelio. El evangelio “cuadrangular” que ella promovió fue: Jesucristo como Salvador, Bautizador en el Espíritu Santo, Sanador, y Viniente Rey. Ella pretendió que ella obtuvo este evangelio a través de una visión en 1922, en la cual Dios le mostró que el Evangelio era para el cuerpo y el alma y el espíritu. Este era el mismo “evangelio cuadrangular” que estaba siendo predicado por la Asociación Elim del Evangelio Cuadrangular en Irlanda (McPherson había trabajado con el fundador de Elim, George Jeffrys), por las Asambleas de Dios en los Estados Unidos, y otros grupos Pentecostales. El evangelio “completo”, sin embargo, es simplemente la muerte, sepultura, y resurrección de Jesucristo por nuestros pecados (1 Corintios 15:1-4).Aimee McPherson prometía que la sanidad física está disponible para aquellos que tienen completa fe. A pesar de esto, la mayoría de quienes vinieron a sus reuniones en busca de sanidad se fueron decepcionados. Para ir a la fila de sanidad de McPherson se requería que uno obtuviera una tarjeta, y estas estaban normalmente limitadas a 75 personas.El siguiente triste caso de una niña que concurrió a una cruzada de avivamiento de McPherson ilustra la dificultad de aquellos que fueron embaucados por esta falsa enseñanza:
“Una niña llevaba un par de lentes, uno de los cuales era enteramente negro. Yo entendí que ella era totalmente ciega de un ojo y casi ciega del otro. Vi sobre el escenario muy de cerca el procedimiento entero. Mientras se hacía oración por ella, la niña, quien aparentaba ser de unos 11 años de edad, lloraba y sollozaba y se retorcía en su ansia de obtener la ayuda que ella había sido conducida a esperar. Ella dejó la plataforma y fue hecha una afirmación pública por uno de los obreros de que ella había sido sanada, y la niña verificó la afirmación por una inclinación de la cabeza dada en respuesta a la pregunta de los obreros. Una hora después, cuando la reunión estaba concluida, noté un pequeño grupo de mujeres cerca de la plataforma. Y pensé que vi a la niña ciega en medio, de modo que pedí a mi esposa para que vaya e investigar y hablarle a ella si era necesario. Ella encontró la en otro momento “curada” niña con el rostro decaído y sobre el piso, sollozando, con las esperanzas destrozadas y un corazón roto. Su decepción fue completa, y así también su desilusión. El mejoramiento de la vista que ella parecía haber tenido en medio de la excitación sobre la plataforma había desaparecido, y con ella la esperanza de una niña”(Arno Clemens Gaebelein, La Cuestión de la Sanidad, Nueva York: Publicaciones Nuestra Esperanza, 1925, p. 93).
Aunque existieron algunas notables curaciones documentadas bajo el ministerio de McPherson, uno de los biógrafos de McPherson, Daniel Epstein (aunque extremadamente simpatizante hacia ella), admitió que aquellas sanadas fueron “mayormente enfermedades del sistema inmunológico, o atribuidas a la histeria”. Él dijo: “La Hermana Aimee no tiene el crédito de haber levantado a alguien de la muerte, de haber corregido un labio leporino o un paladar partido, o de haber restaurado un miembro perdido, o un dedo, o un órgano interno” (Epstein, La Hermana Aimee, New York: Harcourt, Brace Jovanovich, 1993, p. 112).McPherson predicaba un mensaje inescritural del tipo sólo-positivo que se adelantó al método Neo Evangelical en muchas décadas. Considere las siguientes descripciones de su mensaje hechas por su biógrafo:
“Anticipando la ‘teología de creación’ de Matthew Fox en sesenta años, Aimee enfatizaría la gracia sobre el pecado original, con la carnada del amor ella ‘pescaría ballenas’. Su predicación fue anecdótica y afectiva, nunca amenazadora”. (Epstein, p. 118).
“Y ella se tomó la oportunidad para condenar el método de Billy Sunday, el abstemio que gritaba a los pecadores y les amenazaba con la condenación y el fuego del infierno. ‘guiémoles por la bondad y la simpatía’, aconsejó Aimee” (Epstein, pp. 221, 222).
“Aimee construyó su carrera reemplazando el ‘Evangelio del Temor, Fuego del Infierno, y Condenación’ con el ‘Evangelio de la Reconciliación y el Amor’” (Epstein, p. 283).
La madre de McPherson, Mildred (Minnie) Kennedy, trabajó como una asociada de negocios en el exitoso imperio evangelístico de su hija. De hecho, ellas poseían completamente la propiedad del Templo Angelus en una sociedad igualitaria cincuenta-cincuenta. Ellas frecuentemente terminaban en terribles peleas. En 1927 Aimee despidió a su madre de las posiciones que por largo tiempo había tenido en su iglesia cuadrangular. Mildred retornó por un breve tiempo a ayudar durante una crisis financiera generalizada creada por las no sabias inversiones de Aimee, pero en 1929 Mildred dejó el ministerio de su hija Aimee permanentemente “después de recibir una rotura de nariz durante un explosiva contienda” (Robert Bahr, Menos que Todos los Santos, p. 296). En 1937 Mildred se alineó con su nieta Roberta, en un altamente publicitado litigio contra el abogado de Aimee. La enviudada Mildred Kennedy se casó en 1931, pero el matrimonio fue anulado cuando se conoció que el hombre ya era casado. Más tarde, el mismo año, el hombre obtuvo un rápido divorcio en Las Vegas [N.T.: de su verdadera esposa], Mildred lo encontró allí y ellos volvieron a casarse. El extraño casamiento finalizó en menos de un año. Cuando Aimee McPherson murió de una sobredosis en 1944, ella dejó a su madre diez dólares con la estipulación de que si Mildred disputaba esto no obtendría nada (Bahr, p. 282).

2 comentarios:

Yessica dijo...

Atom, quiero decirte que está bien lo que haces, denunciar, pero piensa algo...no todos los evangélicos somos como los que han, están y podrán estar en tu país USA, yo vivo en Chile y ciertamente acá tampoco escapa de gente que se aprovecha del evangelio, pero sabes, he visto como esa gente, sin que nadie les haga nada y nadie exponga sus vidas, Dios se ha encargado de hacerlo y he visto también como han terminado sus días...me alegro que te consideres como uno de los de Berea, pero no tildes a todos los evangélicos, no es que yo me esté poniendo el parche ante la herida, pero debo decirte que sí sé que hay gente que predica el evangelio sólo porque les fue impuesto y jamás han buscado beneficio para sí. Saludos desde Chile

Jose dijo...

la Iglesia catolica es la gran ramera y las denominaciones protestantes son "las hijas de la gran ramera"; ambas seran hechadas al lago de fuego.
si vosotros sois inteligentes hay que buscar en las escrituras la verdad y regresar a ella, como en el primer siglo.